A diferencia de otras tradiciones, la repostería taiwanesa privilegia los sabores limpios: frutas, flores, frijol dulce, té y masas ligeras. Los pasteles y galletas se hornean con cuidado para mantener una textura suave y un dulzor balanceado que acompaña, no domina. Es un final perfecto para quienes buscan algo ligero y delicado.